jueves, abril 10, 2014

Para Laura en su cumpleaños



Un día, mi hermana decidió ya no serlo. Se fue lejos, no la juzgo. En mi corazón solo queda espacio para amarla. Amo cada recuerdo que tiene que ver con ella y con su nombre, con sus rizos, con su hiperactividad, con su inteligencia, con sus ojos sorprendidos, con su cara siempre tierna. Con su doble pregunta, sobre todo la segunda, la que siempre guarda para sí.
Con Laura viví muchas cosas, entre ellas, aprendí a cuidarla, la vi caminar, la mecí en el columpio, pero lo más entrañable sin duda, fue pronunciar su nombre. Con Laura platiqué, y también lloré cuando tuvo que marcharse con su madre. Y hoy repito, solo queda espacio para amarla. Para abrazarme a su recuerdo con la esperanza de que un día quiera ser mi hermana de nuevo.
Me pregunto si ya es madre, si tiene hijos, si la aman, si está bien, si come, si duerme, si ríe, y también, si la cubre el mismo sol y la misma luna. Me pregunto qué ve con sus curiosos ojos, qué piensa, qué lee.
Hoy es su cumpleaños y le escribo para que sepa que no me gana su ausencia, que está siempre conmigo, pero sobre todo,  quiero que sepa que ser hermanas es un lazo fuerte, amoroso, indisoluble.
Laura de mi vida: Muy feliz cumpleaños. Te deseo un pastel lleno de velitas, las mañanitas, el abrazo, el beso y mi cariño, en una cajita, en una tarjeta de cumpleaños o en un globo de helio de tu color predilecto.
Mi hermana, mi niña hermosa. Te amo.

jueves, octubre 17, 2013

Los días grises de octubre

Los días grises de octubre traen tristeza en el tono, en el viento fresco, desde la mañana oscura. Si el sol sale el ánimo muda, cambia, se transforma; en cambio, si el gris persiste, se siente el frío de la ausencia, del recuerdo, de tus canciones y del olvido.
Suena Piano Man en el auto y aún siento tu mano sobre la mía, como sosteniéndola de la tragedia que nos unirá para siempre, sin presencia, sin voz, sin ti, ahora, también sin ti. Otra tragedia. Otra ausencia.
Pasan los días, los meses, los años. Los días felices, los días tristes, los días. Las horas tuyas, las mías, las que pensé que compartiría contigo siempre, con tus nietos después.
Padre, cuéntame las horas, los días, las calles, los cuartos, los espacios por donde pasas. Dime al oído que aparecerás en cualquier momento para sostener mi aliento, mi vida, mi paso. Yo sostendré tu aliento, el viento y tu mirada.
Padre, ya me salen arrugas en la cara, ya descubrí la infelicidad, la desesperanza, el dolor, el límite del cuerpo. Sostenme.
¿Cuándo vienes?

sábado, junio 15, 2013

Daniel, el padre.

No busques más a tu padre, porque solo te encontrarás tú.    

No importa ahora si la vida está conformada de ausencias, importa, que al final de tus días, la limpieza de tu nombre y la bondad de tu corazón perduren en la conciencia de quienes orgullosos portan tu apellido. Pasarán generaciones hasta llegar a los ochenta que te prometí, aquella noche en la rueda de la fortuna. 

Patricio Alberto
Esa tarde teníamos plan para ir al mítin de Cuauhtémoc Cárdenas. Por la mañana le habría llamado a mi padre para pedirle que me recomendara un gastroenterólogo que pudiera ayudarme con esa lenta digestión y ese malestar matutino reciente.
Mi padre me habría dicho, cierto cual ginecobstetra, que estaba embarazada. Acudí esa tarde a hacerme un análisis, llegué con el resultado a su consultorio y después llegaste tú.
Antes de que yo pudiera pronunciar palabra él te habría felicitado y tu en ese momento, estabas recibiendo la noticia. No olvido los malestares, los vómitos, las entradas y salidas del hospital, y tu cara de gozo al cargar a tu primogénito. El primero de ochenta que te habría prometido cuando éramos novios. Y no fuimos al mítin de Cárdenas. Esa tarde habría cambiado para siempre nuestras vidas, nacería en la fecha elegida, un frío lunes de enero.

Mauricio Alberto
Un catorce de febrero escrito en una tarjeta de ocasión la noticia de que serías padre de nuevo. Pasarían meses y una cirugía inesperada, para que una noche no planeada, las aguas de la placenta reventaran a destiempo anunciado la llegada de tu último hijo. Lo recibimos pequeño, y grande fue su lucha para sobrevivir, tu esfuerzo por darle todo lo que necesitó y soportar a la madre histérica en la que entonces me convertí. Hoy su vocecita te acompaña desde temprana hora, cuando madrugas, cuando llegas, cuando ves tele, cuando duermes. Tu niño que te espera siempre con los brazos abiertos, que te acompaña, que te quiere siempre, cerca. El segundo de los 78 que siempre quedaré a deberte.

Gracias por estar aquí para abrazarlos y besarlos en un día como hoy. 


viernes, marzo 29, 2013

A mi padre, por sus recuerdos en los días de guardar

Todos los días recuerdo a mi padre, y de muy distintos modos. Hay días en los que recuerdo cuando me cepillaba el cabello, cuando me ponía broches en el cabello, y al final, acariciaba mi cara, como si fuera yo su muñeca. Recuerdo sus ojos cafés, de un tono claro, esa mirada en la que cuando me encontraba me sentía a salvo.
Mi padre solía tomar vacaciones por estas fechas, y entonces aprovechábamos para pedirle que nos hiciera de cenar, cualquier cosa que pasara por sus manos era un manjar. Tenía el don de mezclar todo y de que tuviera siempre un sabor distinto. Cuando le preguntábamos el ingrediente, nos decía que era su amor lo que hacía que le ponía.
De estar con nosotros esta semana santa, hubiéramos comido nopales con camarón, huevo, chile colorado y papas, entre muchas otras cosas y el postre sería, invariablemente capirotada. Voltearía a verme a los ojos, cuando todos estuvieran orando con los ojos cerrados y yo estuviera, viendo a otro lado, esquivando la espiritualidad, como siempre.
No importa que pise los cuarenta, siempre me harás falta, siempre te buscaré por cualquier calle, siempre latirá mi corazón al llegar a tu casa, por si llegara a encontrarte en tu sillón viendo al patio. Ansío escuchar tu voz aún en mis sueños, y decirme que no importa si me va bien o mal en la vida, que siempre estarás ahí para sostener mi mano. Que tu casa es mi casa. Con la edad mis ojos se tornan como los tuyos, cafés, tristones, prestos a la ausencia, a dejar caer una lágrima, a ver la vida pasar. Y seguramente, también nos quejaríamos de la ausencia de Germán Dehesa, recordaríamos su columna del jueves santo, y esperaríamos el siguiente libro de Krauze, compraríamos Proceso, y de pasada, si el tiempo nos alcanzara, nos daríamos un beso, y te quedarías a media calle, viendo como un carro me alejaba de tus brazos.



martes, diciembre 18, 2012

Brama, de David Miklos, lo mejor que he leído este año

Brama, Miklos, David (2012). Tusquets: La sonrisa vertical, 161 páginas. Brama nos invita a una lectura sencilla, tiene un ritmo sabroso, vertiginoso pero a la vez acompasado que pareciera dejarnos como en un ansiado acto sexual: a medias, siempre con ganas de llegar al clímax. La fortaleza de la novela son los distintos narradores que nos irán contando su historia. Los narradores son fácilmente identificables, cada escena lleva el nombre de quien cuenta. El orden en su estructura y en el estilo narrativo, es algo que el lector disfrutará sobremanera. Pareciera que todos los narradores están sentados en una mesa contando cada uno su versión de la historia. Béla, András y Milena construyen una trama, donde el erotismo es el pretexto ideal para contarnos la relación entre dos hermanos, en constante disputa: por una mujer, por una casa, por sus padres o sus cenizas. La casa, es además, un narrador que en un tono de evocación cuenta de sí misma y de sus habitantes, y determinante hacia el final de la novela. El erotismo deja de ser un pretexto en cuanto el lector se da cuenta de que en distintos momentos se cuenta en todas sus expresiones: desde inocentes juegos infantiles, el despertar sexual infantil, desde la juventud, y desde el amor de esposos, desde el juego cómplice de hermanos que se provocan para compartir a una mujer, o a dos. Brama toma su nombre, de la expresión que hacen los dos personajes en distintos momentos, desde el acto sexual, el enojo, o desde una simple expresión primitiva. En todos los sentidos que nos regala la narración, bramar, es disfrutable. Justo cuando el lector siente que la trama va finalizando, Miklos construye de nuevo esa sensación de interrumpirnos, para avisarnos que la trama apenas inicia. Nos conduce casi a galope, a un final sorprendente y maravilloso, que nos permite acabar de construir la historia desde la voz de los muertos. Es Brama, una lectura ampliamente disfrutable y corta, que nos deja con la sensación de haber leído mucho más de lo que pareciera que pueden contener ciento sesenta y un páginas y sus siete personajes.

lunes, diciembre 17, 2012

Navidad 2012

Mi padre fue diagnosticado con una enfermedad terminal un mes de abril, y su primera pregunta fue, si llegaría a la Diciembre. Una Navidad antes, en silencio nos había preparado, frente a un sillón nos vio poner el pino y dijo que siempre que lo pusiéramos nos acordáramos de él. Así fue la siguiente Navidad, nos sentamos al rededor de su recuerdo. Este año,me diagnosticaron el mismo tipo de enfermedad que a mi padre, pero en un estado incipiente. Y me sucedió lo mismo. Quería no solo tiempo, sino llegar a Navidad y disfrutarla sana. Aquí estoy, después de una larga estancia de hospital y tremendo susto sana hasta hoy, poniendo el pino, adornando mi casa, comprando regalos,y esperando a que mis hijos hagan sus cartas. Ninguna Navidad vivida se compara a ésta, donde el principal regalo, es saberme viva, y sana, a lado de los que amo, llena de amigos. He disfrutado cada fiesta a la que he ido, he visto amigos a los que tenía muchísimo tiempo de no ver y he podido abrazarlos y decirles que los quiero. Me he tomado fotos con ellos y me siento inmensamente contenta de vivir. Escribo para que no pase al olvido la sensación extrema de vivir cada segundo, de reír o llorar como si fuera la última vez, de abrazar y decir que quiero a quien deseo, y sobre todo, de decirles a quienes pasan por un mal momento, que siempre hay una linda Navidad en el recuerdo, y que está casi enfrente para no dejarla pasar haciendo lo que nos gusta y estando con quienes amamos. Esta Navidad es especial porque desde aquí puedo abrazarlos a todos.

sábado, octubre 06, 2012

Mauricio y sus seis años

Mauricio carga seis años en su cuerpo, en donde sea que le quepan: en la bolsita que le compró su padre, en el termo que le regaló su madre, en su pañoleta de scout. Mi niño carga lo que sea, en su mochila igual encuentras piedaras que libros, libretas y siempre, invariablemente, un estuche con colores. Anoche me regaló un corazón de papel, que decía I love Mom, que descansa en mi buró. Mi niño recorre las calles del centro de la ciudad de la mano de su padre: recorren la macroplaza, compran un globo, y vuelven a casa, con el alma aliviada, de pasar un tiempo juntos. Cuando Mauricio se sienta a la mesa, puede comer más que un adulto.: desayuna, leva lonche, come bien, apenas come y busca la merienda, merienda después, merienda antes de cenar y después cena, con todos en la mesa. Mauricio siempre tiene prisa por vivir intensamente, cualquier momento que se le ponga en frente, disfruta los sábados de scout con los castores: escala, va por carrucha, jala una cuerda, se enloda, avienta globos de harina, y se moja con la manguera tan felizmente como si estuviera en una piscina. A Mauricio no le gustó el mar, porque sabe feo, porque huele feo. Pero seguro se acordará de que ahí pasamos tiempo juntos, o de que su padre jugó incesantemente a la pelota en la alberca con él. Mauricio se siente provocado ante todo, pero se que lleva un espíritu libre, que difícilmente alguien destruirá. Mi pequeño, pinta para ser invencible. Mauricio, mi pequeño niño, Patricio, su incansable compañero, gracias hijos míos, por darme la fuerza necesaria para levantarme de esa cama y vivir para acompañarlos.