Eres el más chiquito de los hermanos. El más chiquito de la casa. Tu nombre lo llevó nuestro abuelo paterno. Tu sobrenombre Tony, lo llevó nuestro bisabuelo del lado García.
Esto de cargar con los nombres de los ancestros, si te lo piensas bien, también es divertido, porque tienes de los dos: por un lado eres travieso y trabajador como Antonio y por el otro eres muy inteligente, como Tony. Les heredas a los dos y los honras.
Esa vena médica que le heredaste a papá es francamente envidiable. No solo por tu habilidad, sino porque además llevas el apellido preciso para honrar la memoria de papá.
Mi Tony, mi hermano, papá estaría muy orgulloso de verte hoy convertido en todo un hombrecito, que además cursa la misma carrera.
Como hermana, no solo estoy orgullosa de tus logros, me sumo a tu corazón y te digo, que aunque el camino parece arduo, y la carrera no es fácil, piensa siempre que con lo que estudias podrás salvar vidas. Que la vida es el más grande tesoro del hombre y que serás bienaventurado por tu dedicación.
Te abrazo fuerte y te deseo, como siempre, éxito, salud y larga, muy larga y sana vida.
sábado, mayo 21, 2011
miércoles, mayo 18, 2011
Sobre Los Ingrávidos
Leo Los Ingrávidos. Es un libro que escribió Valeria Luiselli. Lo editó deliciosamente sextopiso. Hacía mucho que no tenía tiempo de leer algo así, inesperado, recomendado y que empecé, con cierto recelo, en la segunda página se me quitó.
La lectura me va llevando a buen puerto. Intercala dos historias, dos tiempos.
La primera pareciera esa vida anodina de toda mujer:el hogar, los hijos.
La segunda es su vida de soltera, como editora en Nueva York.
Y pienso ¿cómo es que disfruto tanto el librito?¿Será porque soy esas dos voces?, pero sobre todo esa mujer anodina, que solo es independiente mientras se sienta a editar. O será que quiero ser esas dos porque se lo que se siente ser, y luego renunciar a ser, porque se atraviesa la maternidad. Luego remontar, regresar al trabajo, a la presión. Ahora al estudio.
Y me repregunto, ¿seré ella, en esas dos voces? posiblemente, aunque no me suba al metro, ni me persiga el fantasma de Owen. Llevo un tercio, y quiero avanzar sin que se acabe.
Hoy, camino al coche, pensaba, ¿cómo es que se le ocurrió el nombre de Los ingávidos?
Será porque me va contando sus amoríos, ¿será porque esos personajes masculinos, no se embarazan ni en su novela, ni en mi realidad?
Y me acordaba del estado de gravidez, de la ingravidez y de todos esos términos que solo refieren a la condición femenina.
No importa, seguiré leyendo, léanlo, se antoja un estilo narrativo fresco, como si fuera de temporada. Esta chica que cuenta poco, como en dosis de enfermo terminal, que juega con las palabras, a recomponerlas, a descomponerlas, crea mundos, palabras, nombres y hombres que pareciera que están ahí frente a nosotros. Para cuando reparas, te ha contado mucho, pero ese ritmo, esa cadencia narrativa, sumerjen en la lectura. Y yo gozo ser lectora.
Se antoja, para pasar las tardes así, tirada en el sillón, metiéndome a vivir sus vidas. Dejando mi vida de lado, que a ratos, me parece que cuenta parte de mi historia.
La lectura me va llevando a buen puerto. Intercala dos historias, dos tiempos.
La primera pareciera esa vida anodina de toda mujer:el hogar, los hijos.
La segunda es su vida de soltera, como editora en Nueva York.
Y pienso ¿cómo es que disfruto tanto el librito?¿Será porque soy esas dos voces?, pero sobre todo esa mujer anodina, que solo es independiente mientras se sienta a editar. O será que quiero ser esas dos porque se lo que se siente ser, y luego renunciar a ser, porque se atraviesa la maternidad. Luego remontar, regresar al trabajo, a la presión. Ahora al estudio.
Y me repregunto, ¿seré ella, en esas dos voces? posiblemente, aunque no me suba al metro, ni me persiga el fantasma de Owen. Llevo un tercio, y quiero avanzar sin que se acabe.
Hoy, camino al coche, pensaba, ¿cómo es que se le ocurrió el nombre de Los ingávidos?
Será porque me va contando sus amoríos, ¿será porque esos personajes masculinos, no se embarazan ni en su novela, ni en mi realidad?
Y me acordaba del estado de gravidez, de la ingravidez y de todos esos términos que solo refieren a la condición femenina.
No importa, seguiré leyendo, léanlo, se antoja un estilo narrativo fresco, como si fuera de temporada. Esta chica que cuenta poco, como en dosis de enfermo terminal, que juega con las palabras, a recomponerlas, a descomponerlas, crea mundos, palabras, nombres y hombres que pareciera que están ahí frente a nosotros. Para cuando reparas, te ha contado mucho, pero ese ritmo, esa cadencia narrativa, sumerjen en la lectura. Y yo gozo ser lectora.
Se antoja, para pasar las tardes así, tirada en el sillón, metiéndome a vivir sus vidas. Dejando mi vida de lado, que a ratos, me parece que cuenta parte de mi historia.
domingo, mayo 08, 2011
Mami : : Mami
En esas cuatro letras me reencuentro. En esas cuatro letras fundo mi corazón y mi amor diario. Esa palabra bisílaba y débil me da fuerza para soportarlo todo. Para cargar con todo. Para hacer a un lado todo y seguir mi camino.
Esas cuatro letras me hacen la mujer que soy, y la que debo ser. Me recuerdan que tengo una obligación. Esa justa palabrita, la que tanto me dolía no poder pronuniciar de niña, me ha rescatado, incluso de mi misma.
Tengo el privilegio de ser madre. Han sido concebidos en mi vientre, los padecí en mi cuerpo. Me robaron todo: mi figura, mi energía, mi estómago. Los amaba desde antes de conocerlos. Nos unía el ombligo y el latido de nuestros corazones.
Ellos no saben, nunca sabrán, que siempre quiero que mayo pase rápido, porque me duele no tener a madre para verle envejecer, para cargarla, para acompañarla, para reirnos juntas, para acudir a su consejo, o para cerrar sus ojos, para ir a la playa juntas. La acompañé, estoy segura, hasta el último latido de su corazón. Hasta su último aliento. Todo me remite a ella. De ella vengo y a ella me debo. De ella soy. Ella es de mí, y mía. Llevo su sangre, su apellido y su sonrisa, su altura, su cabello negro, lacio y largo, facciones de mi rostro, rasgos de mi cuerpo.
Mami linda, querida, tu que colgaste tu título de dentista para atenderme, mimarme amarme el corto tiempo que la vida nos dejó, te digo ahora, que soy madre, que te amo, que te llevo, que en tí soy, que de ti vengo. Soy tu. Tu mía. Yo tuya.
Mami, te quiero siempre.
Esas cuatro letras me hacen la mujer que soy, y la que debo ser. Me recuerdan que tengo una obligación. Esa justa palabrita, la que tanto me dolía no poder pronuniciar de niña, me ha rescatado, incluso de mi misma.
Tengo el privilegio de ser madre. Han sido concebidos en mi vientre, los padecí en mi cuerpo. Me robaron todo: mi figura, mi energía, mi estómago. Los amaba desde antes de conocerlos. Nos unía el ombligo y el latido de nuestros corazones.
Ellos no saben, nunca sabrán, que siempre quiero que mayo pase rápido, porque me duele no tener a madre para verle envejecer, para cargarla, para acompañarla, para reirnos juntas, para acudir a su consejo, o para cerrar sus ojos, para ir a la playa juntas. La acompañé, estoy segura, hasta el último latido de su corazón. Hasta su último aliento. Todo me remite a ella. De ella vengo y a ella me debo. De ella soy. Ella es de mí, y mía. Llevo su sangre, su apellido y su sonrisa, su altura, su cabello negro, lacio y largo, facciones de mi rostro, rasgos de mi cuerpo.
Mami linda, querida, tu que colgaste tu título de dentista para atenderme, mimarme amarme el corto tiempo que la vida nos dejó, te digo ahora, que soy madre, que te amo, que te llevo, que en tí soy, que de ti vengo. Soy tu. Tu mía. Yo tuya.
Mami, te quiero siempre.
domingo, abril 24, 2011
Prudence
No se titula Prudence ni por canción ni por menos que eso o cercano a eso. Este post se llama Prudence porque es el tránsito, la aclaración. Como una nota al final de una carta. La prudencia.
Este blog es un ejercicio meramente personal para recordarme que si me dedico a editar y que si no se me da ficcionar entonces debo hacer algo con lo que me inquieta, me sacude me estruja.
Realmente es un ejercicio personal, al que son invitados mis amigos o lectores recurrentes.
Esta semana mi querida amiga Pato me escribió muchos posts diciéndome quele hice llorar. Pato tal vez lloras porque nuestras vidas tiene cosas en común, o porque te recuerdo o remuevo cosas en ti. Este es el riesgo de la escritura personal.
Hace unos días dediqué un par de horas a querer escribir ficción. No me salieron más de dos párrafos y entonces me di cuenta de que mi blog estaba en el camino correcto.
Todos tenemos una historia que contar y en ella siempre se enreda nuestra vida.
Yo decidí que contaré solo lo menos pesado, solo para recordar, para atestiguar, para vaciarme.
No es mi intención hacer llorar, tal vez es mi intención de no llorar la que se escibr sola.
Un abrazo a quien he hecho llorar sin querer.
Este blog es un ejercicio meramente personal para recordarme que si me dedico a editar y que si no se me da ficcionar entonces debo hacer algo con lo que me inquieta, me sacude me estruja.
Realmente es un ejercicio personal, al que son invitados mis amigos o lectores recurrentes.
Esta semana mi querida amiga Pato me escribió muchos posts diciéndome quele hice llorar. Pato tal vez lloras porque nuestras vidas tiene cosas en común, o porque te recuerdo o remuevo cosas en ti. Este es el riesgo de la escritura personal.
Hace unos días dediqué un par de horas a querer escribir ficción. No me salieron más de dos párrafos y entonces me di cuenta de que mi blog estaba en el camino correcto.
Todos tenemos una historia que contar y en ella siempre se enreda nuestra vida.
Yo decidí que contaré solo lo menos pesado, solo para recordar, para atestiguar, para vaciarme.
No es mi intención hacer llorar, tal vez es mi intención de no llorar la que se escibr sola.
Un abrazo a quien he hecho llorar sin querer.
miércoles, abril 20, 2011
Mariano Cumple años
Mariano cumple años. El sabe, que no solo era deseado sino amado desde antes de su llegada. Su arribo a casa significaba mucha alegría. El segundo varón, un hermano varón para Alberto, un bebé para consentir por sus hermanas, ya llegaría Tony detrás.
Adoración de mi padre, como por sus otros dos hijos varones. Mariano, desde pequeño, fijado en la combinación de la ropa, en verse bien, en ser guapo. Ahora es tímido. Muy tímido, según mi versión.
Cuando empezaba a jugar futbol, pedía el número 3 para su camiseta. Lo pedía con ahínco. Como convencido de que había nacido para portar un tres. Su camiseta amarilla con el número verde después la portó mi hijo para el mismo club. Mariano el tres te llama, algo que quiere decir.
Recuerdo a Mariano anotando en su misma portería (qué importaba a esa edad, el rival no existía) la acción en el campo y él, sentado jugando. Tampoco pasaba nada. Mi padre gritaba como Director Técnico, le daba instrucciones, Mariano asentía con la cabeza.
Presto para participar en la comunidad de su iglesia, para darnos siempre su bendición. Ahora es un chico grande estudia Diseño Industrial, y en sus trabajos siempre piensa en cosas que puedan contribuir, a hacer más llevadera la vida.
Todavía recuerdo los últimos días de mi padre, le angustiaba partir y dejar a sus varones, los tres más pequeños todavía en edad temprana, a sus hijas no casadas, a la casada con un bebé de menos de un año. No estaría para darles consejos, para verlos crecer, para aleccionarlos, para acompañarlos.
Mariano yo se que duele la ausencia de papá, pero querido precioso, él está en tu corazón, en tu ejemplo de rectitud, en tu valor para enfrentar la vida, ahí está papá vivo. Desde ahí te ama.
Como nosotros, los que hoy podremos abrazarte y hacerte saber que eres parte importante de nuestras vidas.
Te amamos tu hermana y tus sobrinos.
Adoración de mi padre, como por sus otros dos hijos varones. Mariano, desde pequeño, fijado en la combinación de la ropa, en verse bien, en ser guapo. Ahora es tímido. Muy tímido, según mi versión.
Cuando empezaba a jugar futbol, pedía el número 3 para su camiseta. Lo pedía con ahínco. Como convencido de que había nacido para portar un tres. Su camiseta amarilla con el número verde después la portó mi hijo para el mismo club. Mariano el tres te llama, algo que quiere decir.
Recuerdo a Mariano anotando en su misma portería (qué importaba a esa edad, el rival no existía) la acción en el campo y él, sentado jugando. Tampoco pasaba nada. Mi padre gritaba como Director Técnico, le daba instrucciones, Mariano asentía con la cabeza.
Presto para participar en la comunidad de su iglesia, para darnos siempre su bendición. Ahora es un chico grande estudia Diseño Industrial, y en sus trabajos siempre piensa en cosas que puedan contribuir, a hacer más llevadera la vida.
Todavía recuerdo los últimos días de mi padre, le angustiaba partir y dejar a sus varones, los tres más pequeños todavía en edad temprana, a sus hijas no casadas, a la casada con un bebé de menos de un año. No estaría para darles consejos, para verlos crecer, para aleccionarlos, para acompañarlos.
Mariano yo se que duele la ausencia de papá, pero querido precioso, él está en tu corazón, en tu ejemplo de rectitud, en tu valor para enfrentar la vida, ahí está papá vivo. Desde ahí te ama.
Como nosotros, los que hoy podremos abrazarte y hacerte saber que eres parte importante de nuestras vidas.
Te amamos tu hermana y tus sobrinos.
sábado, abril 16, 2011
Amistad en tiempos del Facebook
Ayer Abraham Vázquez, un amigo que está de viaje largo por España subió una canción que habla sobre los amigos.
Me hizo pensar en la constrstrucción de la amistad. Antes las canciones eran un medio de transmisión de mensajes. Ahora tenemos múltiples vías en las que ya tenemos más decisión y comunicamos mensajes directos en tiempo real.
La incursión del Facebook, por ejemplo, nos ofrece la posibilidad de encontrarnos con las personas que nos acompañaron en algún momento de la vida.
Antes de las redes sociales, la construcción de la amistad estaba delimitada por el tiempo y el espacio en el que ocurría. Mudarse de casa, cambiar de escuela o de ciudad, significaba romper con la mayor parte de los lazos afectivos.
Ahora, la tecnología ha modificado nuestro orden social. En cuestión de segundos podemos encontrar a alguien de quien no sabíamos desde la infancia.
Aprenderemos entonces a reconectar lazos, a invitarlos a nuestras nuevas vidas, desde el momento en el que somos partícipes de su cotidianidad.
Recién abierto el fb nos reencontramos quienes fuimos a la primaria, ahora hace poco los de secundaria y así (como diría un amigo de la infancia).
De modo que aprenderemos a retomar amistades, a participar en círculos sociales más amplios, a querer y aceptar a nuestros amigos en sus nuevas "versiones" y es así somos una generación privilegiada al vivir tanto cambio tecnológico y sumarnos, subirnos en el tren de la red y amistarnos con quienes siempre formaron parte de nuestras vidas. No habrá más pasado, solo presente y futuro en el amplio sendero de la amistad.
A todos quienes nos reencontramos, a todos abrazos infinitos, desde la virtualidad.
Me hizo pensar en la constrstrucción de la amistad. Antes las canciones eran un medio de transmisión de mensajes. Ahora tenemos múltiples vías en las que ya tenemos más decisión y comunicamos mensajes directos en tiempo real.
La incursión del Facebook, por ejemplo, nos ofrece la posibilidad de encontrarnos con las personas que nos acompañaron en algún momento de la vida.
Antes de las redes sociales, la construcción de la amistad estaba delimitada por el tiempo y el espacio en el que ocurría. Mudarse de casa, cambiar de escuela o de ciudad, significaba romper con la mayor parte de los lazos afectivos.
Ahora, la tecnología ha modificado nuestro orden social. En cuestión de segundos podemos encontrar a alguien de quien no sabíamos desde la infancia.
Aprenderemos entonces a reconectar lazos, a invitarlos a nuestras nuevas vidas, desde el momento en el que somos partícipes de su cotidianidad.
Recién abierto el fb nos reencontramos quienes fuimos a la primaria, ahora hace poco los de secundaria y así (como diría un amigo de la infancia).
De modo que aprenderemos a retomar amistades, a participar en círculos sociales más amplios, a querer y aceptar a nuestros amigos en sus nuevas "versiones" y es así somos una generación privilegiada al vivir tanto cambio tecnológico y sumarnos, subirnos en el tren de la red y amistarnos con quienes siempre formaron parte de nuestras vidas. No habrá más pasado, solo presente y futuro en el amplio sendero de la amistad.
A todos quienes nos reencontramos, a todos abrazos infinitos, desde la virtualidad.
domingo, abril 10, 2011
Laura Cumple Años
Laura era pequeña, hiperactiva. Apenas se veían los rizos de su cabello por la velocidad con la que corría. Los primeros monosílabos eran como el sonido de una ametralladora: (ratata) mil veces.
Caminó desde muy pequenita, habló desde muy pequeñita, en fin, el mundo vino a quedarle chico desde siempre.
La recuerdo desde el día en que nació, después recuerdo haberle dado papillas en la boca, después recuerdo cuando empezó a caminar, a hablar, a ir a la escuela. Recuerdo su sonrisita, siempre inquieta.
Cuando sonaba el teléfono, o el radio bip, era para anunciar que algo le había pasado.
Una vez jugando carreras se fisuró algo que nadie se habría fisurado. Cayó sobre un tubo en su afán por demostrarle a un niño, que ella podía más que él.
Alguna otra vez se quebró la mano, duró sin yeso una semana y decía que no le dolía, es más: venía de un partido de basket.
Luego la recuerdo como tía de mis hijos, siempre complaciente, siempre risueña y así la recuerdan ellos. Y la quieren, y seguido preguntan y cuentan sobre ella.
La recuerdo cuando entró a estudiar medicina, luego cuando se cambió a comunicación (como yo) luego cuando se metió a estudiar para enseñar su lengua en otro país.
La admiro. Su arrojo y valentía la llevarán siempre a buen puerto.
Mi nena, mi hermana, te mando un fuerte abrazo que cruza fronteras.
Besos siempre.
Caminó desde muy pequenita, habló desde muy pequeñita, en fin, el mundo vino a quedarle chico desde siempre.
La recuerdo desde el día en que nació, después recuerdo haberle dado papillas en la boca, después recuerdo cuando empezó a caminar, a hablar, a ir a la escuela. Recuerdo su sonrisita, siempre inquieta.
Cuando sonaba el teléfono, o el radio bip, era para anunciar que algo le había pasado.
Una vez jugando carreras se fisuró algo que nadie se habría fisurado. Cayó sobre un tubo en su afán por demostrarle a un niño, que ella podía más que él.
Alguna otra vez se quebró la mano, duró sin yeso una semana y decía que no le dolía, es más: venía de un partido de basket.
Luego la recuerdo como tía de mis hijos, siempre complaciente, siempre risueña y así la recuerdan ellos. Y la quieren, y seguido preguntan y cuentan sobre ella.
La recuerdo cuando entró a estudiar medicina, luego cuando se cambió a comunicación (como yo) luego cuando se metió a estudiar para enseñar su lengua en otro país.
La admiro. Su arrojo y valentía la llevarán siempre a buen puerto.
Mi nena, mi hermana, te mando un fuerte abrazo que cruza fronteras.
Besos siempre.
jueves, marzo 31, 2011
Utopía
Hoy es el día perfecto para decir que quiero. Quiero despertar descansada y lúcida.
Quiero tener tiempo para maquillarme antes de salir de casa. Quiero que me alcance el tiempo (y no el cansancio) para tomar un jugo por la mañana, o cuando menos, una taza de café con tranquilidad.
Quiero que transcurra un día perfecto: logrado en mi trabajo, fluido en mis lecturas. Sin correos en mi bandeja. Quiero entrar al msn y encontrarme con mi hermanos y que me alcance el tiempo para preguntar a cada uno de los siete cómo está y qué es de su vida.
Quiero salir temprano para comer con D en algún lugar desconocido y que sea como hace quince años. Es más que tengamos en ese momento quince años menos. Que lleguemos al postre y a la larga sobremesa de temas despreocupados.
Quiero llegar a mi casa y que alguien cocine para nosotros y sobre todo, que alguien me sirva un plato de sopa o caldito caliente. Quiero después ir a merendar a casa de mi abuela, y ver a mis hermanos.
Quiero que mis padres estén vivos para pasar como hacen casi todos, un dominguito de carne asada. Quiero ir a ver a mi suegra, llevarle flores sin ser diez de mayo, y pasear con ella en el Parque Fundidora. Quiero ir a surtir su despensa y dejarla en la puerta de su casa.
Quiero ir por la calle sin miedo, sin ver soldados, prender las noticias y esperar que lo peor sea el clima, que mucho sol, o que lluvia o que el frente frío. Quiero cruzar por Constitución y Morones en dos sentidos.
Quiero que al caer la noche pueda llegar a casa, hacer de cenar, que mis hijos se vayan a dormir y me dejen platicar con su padre. Quiero terminar un día viendo un capítulo de The Sopranos. Quiero querer ser la mujer o la hija de Tony.
Quiero estar editando un catálogo de arte, de esos preciositas, de preferencia de Manuel Felguérez. Quiero dormir una noche de ocho horas sin interrupción, a cuerpo tendido sobre una habitación con clima.
Quiero ese día perfecto, esa vida perfecta, todos vivos, todos bien.
Utopía
Quiero tener tiempo para maquillarme antes de salir de casa. Quiero que me alcance el tiempo (y no el cansancio) para tomar un jugo por la mañana, o cuando menos, una taza de café con tranquilidad.
Quiero que transcurra un día perfecto: logrado en mi trabajo, fluido en mis lecturas. Sin correos en mi bandeja. Quiero entrar al msn y encontrarme con mi hermanos y que me alcance el tiempo para preguntar a cada uno de los siete cómo está y qué es de su vida.
Quiero salir temprano para comer con D en algún lugar desconocido y que sea como hace quince años. Es más que tengamos en ese momento quince años menos. Que lleguemos al postre y a la larga sobremesa de temas despreocupados.
Quiero llegar a mi casa y que alguien cocine para nosotros y sobre todo, que alguien me sirva un plato de sopa o caldito caliente. Quiero después ir a merendar a casa de mi abuela, y ver a mis hermanos.
Quiero que mis padres estén vivos para pasar como hacen casi todos, un dominguito de carne asada. Quiero ir a ver a mi suegra, llevarle flores sin ser diez de mayo, y pasear con ella en el Parque Fundidora. Quiero ir a surtir su despensa y dejarla en la puerta de su casa.
Quiero ir por la calle sin miedo, sin ver soldados, prender las noticias y esperar que lo peor sea el clima, que mucho sol, o que lluvia o que el frente frío. Quiero cruzar por Constitución y Morones en dos sentidos.
Quiero que al caer la noche pueda llegar a casa, hacer de cenar, que mis hijos se vayan a dormir y me dejen platicar con su padre. Quiero terminar un día viendo un capítulo de The Sopranos. Quiero querer ser la mujer o la hija de Tony.
Quiero estar editando un catálogo de arte, de esos preciositas, de preferencia de Manuel Felguérez. Quiero dormir una noche de ocho horas sin interrupción, a cuerpo tendido sobre una habitación con clima.
Quiero ese día perfecto, esa vida perfecta, todos vivos, todos bien.
Utopía
martes, marzo 08, 2011
Mi abuelita Esther
Linares le vió nacer en el mes de mayo.
La úlima de un montón de hijos.
La que menos disfrutó a su padre, porque murió joven.
La que corrió la fecha de su boda en marzo por la muerte de su madre.
La que estudió comercio y se enamoró de su maestro porque tenía bonitos modos.
La que casi se casa de negro.
La que vio a su suegra como una madre.
La que se salía a dar la vuelta mientras sus cuñadas se peleaban.
La que le dio dos varones y una nena a Roberto.
La que le ofreció a Dios ayuda eterna en la iglesia a cambio de su casa.
La que lloraría la muerte de su princesa a los treinta y tres.
La que acogió a sus nietas.
La que me llevaba lonche a la escuela, por las rejas cuando no me dejaban verla.
La que cumplió 50 años de casada, con misa y fiesta.
La que ayudó a Roberto a bien morir leyéndole rezos.
La que era querida por todas sus vecinas.
La que siempre se quejaba de la ausencia de sus hijos, de la nuestra.
La que quería que me casara como todas las chicas, joven de blanco y con un buen chico.
La que fue a mi boda y nos regaló cinco mil pesos para nuestro primer departamento, en billetes viejos que Roberto había guardado por tanto tiempo.
La que estuvo cuando nació mi primer hijo.
La que perdió el conocimiento.
La que llenaba de cosas inútiles su casa.
La que le tejió una colchita verde a mi segundo hijo, nunca supe cómo recordó el hecho.
La que pasó sus últimos días en un asilo.
Con la que pasé noches en el hospital tomada de su mano, como si eso me ayudara a entrar en su mismo sueño.
De la que supe que una fibrosis pulmonar, amenazaba sus intentos por respirar.
Se murió el día en que cumplía años su amado Roberto.
Para mí se fue este este viernes, cuando lo supe, en la puerta del asilo, en medio del tráfico, del gentío, bajo el sol, con mis hijos lejos, con nadie cerca.
Daniel al teléfono regalándome calma.
Garza Sada y Constitución largos para llegar por mis hijos, no lloro porque no quiero que se pongan mal.
Me toca darles la mala noticia a mis hermanas, a mis hermanos, a la esposa de mi padre, que siempre ha estado cerca.
Todos tratamos de comprender la exclusión.
Todos lloramos su ausencia.
Escribo porque no puedo llorar lo suficiente, para que su vida cobre sentido,
para que mis recuerdos no se vayan con el tiempo.
Te quiero abuelita mía.
La úlima de un montón de hijos.
La que menos disfrutó a su padre, porque murió joven.
La que corrió la fecha de su boda en marzo por la muerte de su madre.
La que estudió comercio y se enamoró de su maestro porque tenía bonitos modos.
La que casi se casa de negro.
La que vio a su suegra como una madre.
La que se salía a dar la vuelta mientras sus cuñadas se peleaban.
La que le dio dos varones y una nena a Roberto.
La que le ofreció a Dios ayuda eterna en la iglesia a cambio de su casa.
La que lloraría la muerte de su princesa a los treinta y tres.
La que acogió a sus nietas.
La que me llevaba lonche a la escuela, por las rejas cuando no me dejaban verla.
La que cumplió 50 años de casada, con misa y fiesta.
La que ayudó a Roberto a bien morir leyéndole rezos.
La que era querida por todas sus vecinas.
La que siempre se quejaba de la ausencia de sus hijos, de la nuestra.
La que quería que me casara como todas las chicas, joven de blanco y con un buen chico.
La que fue a mi boda y nos regaló cinco mil pesos para nuestro primer departamento, en billetes viejos que Roberto había guardado por tanto tiempo.
La que estuvo cuando nació mi primer hijo.
La que perdió el conocimiento.
La que llenaba de cosas inútiles su casa.
La que le tejió una colchita verde a mi segundo hijo, nunca supe cómo recordó el hecho.
La que pasó sus últimos días en un asilo.
Con la que pasé noches en el hospital tomada de su mano, como si eso me ayudara a entrar en su mismo sueño.
De la que supe que una fibrosis pulmonar, amenazaba sus intentos por respirar.
Se murió el día en que cumplía años su amado Roberto.
Para mí se fue este este viernes, cuando lo supe, en la puerta del asilo, en medio del tráfico, del gentío, bajo el sol, con mis hijos lejos, con nadie cerca.
Daniel al teléfono regalándome calma.
Garza Sada y Constitución largos para llegar por mis hijos, no lloro porque no quiero que se pongan mal.
Me toca darles la mala noticia a mis hermanas, a mis hermanos, a la esposa de mi padre, que siempre ha estado cerca.
Todos tratamos de comprender la exclusión.
Todos lloramos su ausencia.
Escribo porque no puedo llorar lo suficiente, para que su vida cobre sentido,
para que mis recuerdos no se vayan con el tiempo.
Te quiero abuelita mía.
lunes, febrero 28, 2011
Biutiful: retrato de tiempos modernos
La película dirigida por González Inárritu y actuada por Javier Bardem nos regala una historia más de desencanto, de decadencia, de vidas sin salida. Un retrato de nuestros tiempos.
Bardem, encarna a un tipo que vive en la disyuntiva entre que ayuda y explota indocumentados, tiene la custodia de sus hijos, a los que tampoco tiene mucho qué ofrecerles, huye de la relación con su mujer adicta y alcohólica. No quiere morir del cáncer que le aqueja.
Todos los escenarios y situaciones despiertab perplejidad, no solo porque nos enseña la cara terrible de cualquier país -en este caso España- y no solo porque retratan la inmigración y la corrupción, sino porque además, por la carga del drama social. Desbordante.
Es una historia donde nos encontramos todos: en el mejor de los escenarios, tomando una taza de café en una plaza pública, al tiempo que los delincuentes huyen por enfrente de nosotros, y hacemos sólo eso: ver pasar el problema, no nos interesa su historia porque tampoco nos afecta directamente.
En el peor de los casos somos el que explota, el que corrompe. Pero en el más bello de los casos presentados por Inárritu somos esa niña que se queda en la cama, cuidadndo de su padre, sosteniendo su mano, para ayudarlo a bien morir. Y tal vez heredando un don del que otros huyen.
Bardem, encarna a un tipo que vive en la disyuntiva entre que ayuda y explota indocumentados, tiene la custodia de sus hijos, a los que tampoco tiene mucho qué ofrecerles, huye de la relación con su mujer adicta y alcohólica. No quiere morir del cáncer que le aqueja.
Todos los escenarios y situaciones despiertab perplejidad, no solo porque nos enseña la cara terrible de cualquier país -en este caso España- y no solo porque retratan la inmigración y la corrupción, sino porque además, por la carga del drama social. Desbordante.
Es una historia donde nos encontramos todos: en el mejor de los escenarios, tomando una taza de café en una plaza pública, al tiempo que los delincuentes huyen por enfrente de nosotros, y hacemos sólo eso: ver pasar el problema, no nos interesa su historia porque tampoco nos afecta directamente.
En el peor de los casos somos el que explota, el que corrompe. Pero en el más bello de los casos presentados por Inárritu somos esa niña que se queda en la cama, cuidadndo de su padre, sosteniendo su mano, para ayudarlo a bien morir. Y tal vez heredando un don del que otros huyen.
domingo, enero 30, 2011
Diez años
Querido Patricio,
Hace diez años tu padre y yo te recibimos con sorpresa. Tu pequeño cuerpo cabía entre mis brazos, o te acurrucabas boca a abajo en el pecho de tu padre. Todavía recuerdo cuando llegamos al departamento contigo, y nos quedamos solos. Apenas volteamos a vernos con miedo y alegría. Tu llegada a nuestras vidas, la habíamos planeado, desde que éramos novios, bajo un árbol grande. Ahí soñamos con una vida juntos, con los hijos que llegarían y con envejecer juntos.
Pasaron los días. Aprendí contigo a ser madre y contigo, tu padre, recuperó su vida. Caminaste a los diez meses, hablaste perfecto al año. ¿Te acuerdas cuando cantábamos en el carro las canciones de Pescetti? o cuando paseabas en bicicleta en el Parque Santa Rosa?, te acuerdas cuando te llevábamos a los parques de la colonia Roma?, te acuerdas Patricio, cuando me pedías que te arrullara? cuando despertabas sobresaltado por las noches y despertabas en nuestra cama?
Hijo, estás creciendo, y con el tiempo nuestra relación irá cambiando. Por ahora me toca guiarte, después llegará el día, en el que seamos amigos. No desesperes. El tiempo pasa rápido. Hace unos años abrí este blog, para ir recorriendo nuestras vidas, para que quedara de tu vida y la mía algo escrito. Para que sepas cuántas cosas pasaron entre tu vida y la mía.
Esta vez solo quiero decirte, que tu vida es motivo de la mía y de la de tu padre. Quiero que sepas que estoy muy orgullosa de todos tus logros como niño, como deportista, como scout, pero sobre todo como estudiante. Cada mes que pasa y que me demuestras tu esfuerzo con los diplomas, no puedo más que sentirme orgullosa.
Patricio, que nunca haya espacio en tu corazón para dudar de tu capacidad, y ten la certeza de que siempre, desde cualquier lugar, estaré apoyándote y amándote.
Te amo (calabaza),
Tu mami.
Hace diez años tu padre y yo te recibimos con sorpresa. Tu pequeño cuerpo cabía entre mis brazos, o te acurrucabas boca a abajo en el pecho de tu padre. Todavía recuerdo cuando llegamos al departamento contigo, y nos quedamos solos. Apenas volteamos a vernos con miedo y alegría. Tu llegada a nuestras vidas, la habíamos planeado, desde que éramos novios, bajo un árbol grande. Ahí soñamos con una vida juntos, con los hijos que llegarían y con envejecer juntos.
Pasaron los días. Aprendí contigo a ser madre y contigo, tu padre, recuperó su vida. Caminaste a los diez meses, hablaste perfecto al año. ¿Te acuerdas cuando cantábamos en el carro las canciones de Pescetti? o cuando paseabas en bicicleta en el Parque Santa Rosa?, te acuerdas cuando te llevábamos a los parques de la colonia Roma?, te acuerdas Patricio, cuando me pedías que te arrullara? cuando despertabas sobresaltado por las noches y despertabas en nuestra cama?
Hijo, estás creciendo, y con el tiempo nuestra relación irá cambiando. Por ahora me toca guiarte, después llegará el día, en el que seamos amigos. No desesperes. El tiempo pasa rápido. Hace unos años abrí este blog, para ir recorriendo nuestras vidas, para que quedara de tu vida y la mía algo escrito. Para que sepas cuántas cosas pasaron entre tu vida y la mía.
Esta vez solo quiero decirte, que tu vida es motivo de la mía y de la de tu padre. Quiero que sepas que estoy muy orgullosa de todos tus logros como niño, como deportista, como scout, pero sobre todo como estudiante. Cada mes que pasa y que me demuestras tu esfuerzo con los diplomas, no puedo más que sentirme orgullosa.
Patricio, que nunca haya espacio en tu corazón para dudar de tu capacidad, y ten la certeza de que siempre, desde cualquier lugar, estaré apoyándote y amándote.
Te amo (calabaza),
Tu mami.
lunes, enero 10, 2011
Sze Tsung Leong: viajar por sus horizontes
Fui al Museo Marco -que sigue siendo mi casa- para visitar sus exposiciones. Disponía de muy poco tiempo, y había empezado por una de arquitectura (no menos interesante).
En poco menos de diez minutos recorrí las salas que albergan la exposición. La museografía, sugiere el horizonte del ojo humano. Su división temática, abarca eso: una playa, un terreno, una ciudad.
Las texturas y colores de las fotografías nos recuerdan que los horizontes pueden ser verdes, azules, grises o cafés. Con gente, sin ella, con mascotas o sin ellas, con edificios o arena de mar, con agua de playa o bien de un lago, con edificios o en medio de la nada.
Así son los horizontes a los que Leong nos invita a asomarnos. Inicia en California y termina en Teotihuacan. En medio podemos encontrar cualquier lugar minúsculo, que al formar un horizonte, se empodera ante nuestros ojos.
Si lo recorres con rapidez -como hice yo- con la guía de sala en mano (para detenerte solo donde la curiosidad te atrapa) tendrás las sensación de un maravilloso viaje por carretera, donde solo te detiene la contemplación.
Te esperan 160 horizontes, casi todos desconocidos o incluso, como me percaté de que tenía frente a mi el Rancho Cucamonga (ubicado en california), me percaté de que no lo conocía como me sugería Leong.
Adelante, va un viaje, donde solo pagas la entrada a un museo y sales con la sensación de haber realizado unas vacaciones, sin la pérdida de tiempo de hacer y cargar maletas.
En poco menos de diez minutos recorrí las salas que albergan la exposición. La museografía, sugiere el horizonte del ojo humano. Su división temática, abarca eso: una playa, un terreno, una ciudad.
Las texturas y colores de las fotografías nos recuerdan que los horizontes pueden ser verdes, azules, grises o cafés. Con gente, sin ella, con mascotas o sin ellas, con edificios o arena de mar, con agua de playa o bien de un lago, con edificios o en medio de la nada.
Así son los horizontes a los que Leong nos invita a asomarnos. Inicia en California y termina en Teotihuacan. En medio podemos encontrar cualquier lugar minúsculo, que al formar un horizonte, se empodera ante nuestros ojos.
Si lo recorres con rapidez -como hice yo- con la guía de sala en mano (para detenerte solo donde la curiosidad te atrapa) tendrás las sensación de un maravilloso viaje por carretera, donde solo te detiene la contemplación.
Te esperan 160 horizontes, casi todos desconocidos o incluso, como me percaté de que tenía frente a mi el Rancho Cucamonga (ubicado en california), me percaté de que no lo conocía como me sugería Leong.
Adelante, va un viaje, donde solo pagas la entrada a un museo y sales con la sensación de haber realizado unas vacaciones, sin la pérdida de tiempo de hacer y cargar maletas.
domingo, enero 02, 2011
Cumplir años
Cumplir años es un ejercicio para mí, pegado al fin de año. Llega junto con la anécdota familiar -porque si mi madre viviera lo contaría anualmente- que no pudieron ir a la boda de mi tío Lorenzo y mi tía Martha porque se me ocurrió nacer. Ante tal, seguramente yo pediría un reconocimiento por haberles dado espacio para una tranquila cena de fin de año y aunque seguramente pescamos crudo al médico que atendió el parto. No importa, llegué bien, a tiempo, pequeña y chillona, y capricornio. A callar.
El caso es que ahora, pasados unos cuantos añitos, me doy cuenta que mi padre tenía razón, "los regalos cambian con el tiempo" y así ha sido. Este año, recibí del mayor de mis hijos una linda presentación en la que me confiesa que el cielo sería poco para describirme y eso me hizo levitar.
Por otra parte, solo me queda reconciliarme con la vanidad. Siempre me reí del bótox y de todas esas estupideces que de repente, como si nada, me empiezan a guiñar el ojo. Y qué tal si me relleno esa arruguita de la frente para no usar fleco, y qué tal si bajo veinte kilos este año para terminar en una talla de adolescente, y en eso, empiezas a pensar que no está de más entonces (aprovechando la vuelta) una lipectomía o un levantamiento escultural, de lo que la maternidad te ha robado.
Estaba frente al espejo esta mañana sacando cuentas, y después pensé "bueno ridícula me veré en mi graduación de maestría luciendo como una guerca de 20 años cuando todo mundo sabe mi edad". Pero lo confieso, solo por hoy pienso eso.
En fin, la impetuosa arañada que le doy a la década de los cuarenta, me hace pensar en todas esas cosas tontas y locas que debo hacer antes de llegar a los 50, antes de convertirme en todo lo que no quiero: suegra, abuela y todos esos largos etcéteras que acompañan mi idea de mi futuro en otras décadas, para la cual, como siempre, exisitirá otra vía de escape.
Gracias a mi esposo, a mis hijos, a mis amigos y amigas que se hicieron presentes (casi en manifestación tumultuosa, debo confesar, que este cumpleaños, ha sido maravilloso y apenas se van mis hermanos y llega mi otra familia, la que yo he escogido.
A todos gracias.
El caso es que ahora, pasados unos cuantos añitos, me doy cuenta que mi padre tenía razón, "los regalos cambian con el tiempo" y así ha sido. Este año, recibí del mayor de mis hijos una linda presentación en la que me confiesa que el cielo sería poco para describirme y eso me hizo levitar.
Por otra parte, solo me queda reconciliarme con la vanidad. Siempre me reí del bótox y de todas esas estupideces que de repente, como si nada, me empiezan a guiñar el ojo. Y qué tal si me relleno esa arruguita de la frente para no usar fleco, y qué tal si bajo veinte kilos este año para terminar en una talla de adolescente, y en eso, empiezas a pensar que no está de más entonces (aprovechando la vuelta) una lipectomía o un levantamiento escultural, de lo que la maternidad te ha robado.
Estaba frente al espejo esta mañana sacando cuentas, y después pensé "bueno ridícula me veré en mi graduación de maestría luciendo como una guerca de 20 años cuando todo mundo sabe mi edad". Pero lo confieso, solo por hoy pienso eso.
En fin, la impetuosa arañada que le doy a la década de los cuarenta, me hace pensar en todas esas cosas tontas y locas que debo hacer antes de llegar a los 50, antes de convertirme en todo lo que no quiero: suegra, abuela y todos esos largos etcéteras que acompañan mi idea de mi futuro en otras décadas, para la cual, como siempre, exisitirá otra vía de escape.
Gracias a mi esposo, a mis hijos, a mis amigos y amigas que se hicieron presentes (casi en manifestación tumultuosa, debo confesar, que este cumpleaños, ha sido maravilloso y apenas se van mis hermanos y llega mi otra familia, la que yo he escogido.
A todos gracias.
viernes, diciembre 31, 2010
La última noche del año
Solo celebraba la entrada del año cuando vivía en casa de mi padre. Entonces preparábamos alguna cena, compartíamos juntos y después barríamos y quemábamos las hojas de ese árbol que aún está a lado derecho de la casa.
Recuerdo que apenas entraba la noche nueva y salíamos a tronar cuetes. Mi padre se divertía prendiendo aquellos estruendosas palomas que metía dentro de tinas metálicas y que tras aquel ruido, desataban las alarmas de los carros de los vecinos.
Pasábamos días riendo de cómo aquellos vecinos nos veían con caras raras cuando pensaban que algo podía haber sucedido a sus flamantes carros.
Recuerdo que esas noches mi padre nos abrazaba fuertemente contra su pecho y pronunciaba sus buenos deseos. Sus ojos, siempre tristes, seguramente añorando abrazar a los hijos que tenía lejos, a los padres que ya no estaban, o recordando su niñez.
A su memoria y a mis hermanos les dedico este breve y amoroso texto para recordarlo con cariño.
A mis hijos para que cuando crezcan sepan cómo eran estas noches con su abuelo.
Feliz año.
Recuerdo que apenas entraba la noche nueva y salíamos a tronar cuetes. Mi padre se divertía prendiendo aquellos estruendosas palomas que metía dentro de tinas metálicas y que tras aquel ruido, desataban las alarmas de los carros de los vecinos.
Pasábamos días riendo de cómo aquellos vecinos nos veían con caras raras cuando pensaban que algo podía haber sucedido a sus flamantes carros.
Recuerdo que esas noches mi padre nos abrazaba fuertemente contra su pecho y pronunciaba sus buenos deseos. Sus ojos, siempre tristes, seguramente añorando abrazar a los hijos que tenía lejos, a los padres que ya no estaban, o recordando su niñez.
A su memoria y a mis hermanos les dedico este breve y amoroso texto para recordarlo con cariño.
A mis hijos para que cuando crezcan sepan cómo eran estas noches con su abuelo.
Feliz año.
domingo, diciembre 26, 2010
Vacaciones
Siempre hago planes con mis vacaciones, para no sentir que pierdo el tiempo. Este año tengo una interminable lista de cosas: terminar un libro pendiente (no mío, claro); terminar el nuevo número (doble) de la revista que edito. Revisar pruebas de imprenta.
Leer tres libros que me tocarán el siguiente semestre en la clase de Hermenéutica,
terminar tres libros de Comte, uno de filosofía y trasculcar con minucia los tomos de mi nuevo diccionario filosófico que me regalo Daniel.
Leer mi regalo de navidad: Tierra, Tierra de Sándor Márai, mi autor favorito (me gusta la no ficción).
Las labores propias de mi casa se incluyen en la lista. Y claro, siempre habrá tiempo para ver House (temporadas atrasadas) y las películas que mis hijos me receten en estos días. Tendré tiempo para jugar con Patricio Super Mario Bros y demostrarle que tengo máster en ese juego, que lo entiendo todo y que podemos jugar juntos.Quiero elegir los mejores dibujos de Mauricio y hacerle un librito.
Quiero escribir mis recuerdos en mi blogg y ver de nuevo mis películas favoritas: París te amo, Amelie, y las nuevas películas que nos regalaron (AyO) esta navidad.Quiero ver la última temporada de Tudors.
Quiero sanar de esta gripe y dormir una semana completa.
Quiero cumplir años y quebrar piñata.
Quiero pasar el año nuevo en Bustamante y pasear con mis hijos a la orilla de su ojo de agua.
Quiero.
Leer tres libros que me tocarán el siguiente semestre en la clase de Hermenéutica,
terminar tres libros de Comte, uno de filosofía y trasculcar con minucia los tomos de mi nuevo diccionario filosófico que me regalo Daniel.
Leer mi regalo de navidad: Tierra, Tierra de Sándor Márai, mi autor favorito (me gusta la no ficción).
Las labores propias de mi casa se incluyen en la lista. Y claro, siempre habrá tiempo para ver House (temporadas atrasadas) y las películas que mis hijos me receten en estos días. Tendré tiempo para jugar con Patricio Super Mario Bros y demostrarle que tengo máster en ese juego, que lo entiendo todo y que podemos jugar juntos.Quiero elegir los mejores dibujos de Mauricio y hacerle un librito.
Quiero escribir mis recuerdos en mi blogg y ver de nuevo mis películas favoritas: París te amo, Amelie, y las nuevas películas que nos regalaron (AyO) esta navidad.Quiero ver la última temporada de Tudors.
Quiero sanar de esta gripe y dormir una semana completa.
Quiero cumplir años y quebrar piñata.
Quiero pasar el año nuevo en Bustamante y pasear con mis hijos a la orilla de su ojo de agua.
Quiero.
Navidad(es)
Navidad: cocinar en casa para mi familia. Recordar a mi padre en la cocina desde un día antes. Recordar el aroma de su pavo. Su rostro iluminado cuando abríamos sorprendidos nuestros regalos. Recordar la última muñeca que me trajo Santa Claus. Las posadas en casa de mi tía Andrea y acostar al niño el 24 por la noche, descubrir en su cuarto los regalos que nos dejaba el niño Jesús.
El nacimiento en casa de mi abuela Tutitos y mi bisuabuela inventando cosas para regalarnos. La comida del 25 en su casa, a donde llegábamos con los juguetes nuevos que compartíamos con los primos, aunque siempre termináramos jugando en el patio del kinder de mi abuela.
Crecer, ir a las bodas de los primos, ver a sus hijos, volver a casarse, vernos con cariño y recordar lo que nos une.
El nacimiento en casa de mi abuela Tutitos y mi bisuabuela inventando cosas para regalarnos. La comida del 25 en su casa, a donde llegábamos con los juguetes nuevos que compartíamos con los primos, aunque siempre termináramos jugando en el patio del kinder de mi abuela.
Crecer, ir a las bodas de los primos, ver a sus hijos, volver a casarse, vernos con cariño y recordar lo que nos une.
lunes, noviembre 15, 2010
Volver al futuro
Fuimos al cine con otros amigos a ver Volver al Futuro. Patricio, mi hijo lo primero que dijo fue que ver esa película era un robo. La habíamos visto tantas veces en tv que no podía comprender nuestro motivo de estar ahí.
Una experiencia muy divertida fue ver el estreno de una película que vimos por primera vez hace 25 años. Todos los aparatos que aparecían en película están ahora en desuso: el reloj, el despertador, los carros, el tipo de actuación. Además casi todos los asuntos se habrían podido resolver con una sencilla llamada a celular.
Por supuesto, los adultos gozamos el hecho, reímos a mares, y claro, las damas lamentamos el destino del cándido Michael J. Fox.
Sin embargo, no cabe duda, que reestrenar las películas de nuestra infancia es un buen motivo para reencontrarnos con lo que fuimos hace 25 años.
Vayan al cine, no se la pierdan, y claro, vayan con sus amigos de generación, es una experiencia maravillosa aunque todos sepamos el final.
Una experiencia muy divertida fue ver el estreno de una película que vimos por primera vez hace 25 años. Todos los aparatos que aparecían en película están ahora en desuso: el reloj, el despertador, los carros, el tipo de actuación. Además casi todos los asuntos se habrían podido resolver con una sencilla llamada a celular.
Por supuesto, los adultos gozamos el hecho, reímos a mares, y claro, las damas lamentamos el destino del cándido Michael J. Fox.
Sin embargo, no cabe duda, que reestrenar las películas de nuestra infancia es un buen motivo para reencontrarnos con lo que fuimos hace 25 años.
Vayan al cine, no se la pierdan, y claro, vayan con sus amigos de generación, es una experiencia maravillosa aunque todos sepamos el final.
sábado, noviembre 13, 2010
Visita a Javier Zarazúa
Hoy fui a ver a mi amigo escultor Javier Zarazúa. Lo conocí cuando empezaba la edición de lo que sería el catálogo de La Lagartera, la primera escultura monumental del artista mexicano Francisco Toledo. El pretexto esta vez fue llevarle ejemplares del catálogo de esa obra que preparó junto al mítico Oaxaqueño.
Desde entonces tendimos un puente de deliciosa empatía, y aunque nos vemos una vez al año, él sabe que gozo su presencia, su obra, su casa, su charla, sus perros.
Vive allá, en un lugar alto y lindo, donde tiene una vista de montañas increíbles.
Vi su obra, la que cocina ahora, después de una larga pausa en su obra personal. Prepara un mundo fascinante, mítico, maravilloso. Quizá lo que más me gusta en la obra de Javier es descubrir que siempre, tienen un mundo por explorar, nunca se repite.
Esta vez los materiales nos remiten a la naturaleza,las formas nos remiten a mundos tan puros, que solo de niños pudimos haber imaginado.
Esperamos que termine pronto, que nos desvele ese mundo maravilloso, que solo él es capaz de crear.
Un abrazo, con el deseo de que pronto podamos abrazar su obra.
Desde entonces tendimos un puente de deliciosa empatía, y aunque nos vemos una vez al año, él sabe que gozo su presencia, su obra, su casa, su charla, sus perros.
Vive allá, en un lugar alto y lindo, donde tiene una vista de montañas increíbles.
Vi su obra, la que cocina ahora, después de una larga pausa en su obra personal. Prepara un mundo fascinante, mítico, maravilloso. Quizá lo que más me gusta en la obra de Javier es descubrir que siempre, tienen un mundo por explorar, nunca se repite.
Esta vez los materiales nos remiten a la naturaleza,las formas nos remiten a mundos tan puros, que solo de niños pudimos haber imaginado.
Esperamos que termine pronto, que nos desvele ese mundo maravilloso, que solo él es capaz de crear.
Un abrazo, con el deseo de que pronto podamos abrazar su obra.
Nueva Época
Esta mañana, después de muchos años sin hacerlo, al menos continuamente, pensaba en un buen motivo para continuar con este espacio que fue tan mío y que hoy me parece tan ajeno.
Hoy soy otra, hago otras cosas, otras distintas me ocupan. Quizá tengo menos tiempo. Pero en el fondo, queda algo de mi.
Desde una nueva ventana, desde un nuevo sol, desde una nueva piel, espero a tomar el mismo tren, en esa, la misma parada en la que pensaba que escribir saciaba el alma.
En este ejercicio de desnudez, donde nadie te conoce, nadie sabe quién eres y tu vida está ahí aguardando.
Como dice Ismael Serrano "una vida cargada de sueños".
Salud, por una nueva época, espero distinta y prolífica.
Espero interesante.
Hoy soy otra, hago otras cosas, otras distintas me ocupan. Quizá tengo menos tiempo. Pero en el fondo, queda algo de mi.
Desde una nueva ventana, desde un nuevo sol, desde una nueva piel, espero a tomar el mismo tren, en esa, la misma parada en la que pensaba que escribir saciaba el alma.
En este ejercicio de desnudez, donde nadie te conoce, nadie sabe quién eres y tu vida está ahí aguardando.
Como dice Ismael Serrano "una vida cargada de sueños".
Salud, por una nueva época, espero distinta y prolífica.
Espero interesante.
viernes, mayo 28, 2010
Paul Mac Cartney
Está en México, para dar un concierto. Lo escucho y pienso que mis padres cantaron con ellos, y se veían jovencitos como en los videos de youtube, entonces canto, como si cantaran ellos. Y en cierta forma pienso que es mejor que estén en el cielo para que no vean en lo que se ha convertido este país, esta ciudad, donde, de no ser por los conciertos, no hubiera notas positivas.
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